Trabajo como asesor en dirección estratégica y toma de decisiones hace más de una década, principalmente con ejecutivos de altos cargos.

Mi trabajo abarca un mix de disciplinas surgidas de mi experiencia profesional, que incluyen recursos humanos, coaching ontológico, negociación, deporte, estrategia comercial, y pongo especial foco en generar cambios sustentables para la persona (el líder) y su organización.

En los últimos años había tomando clientes privados (personas o empresas que por distintas razones no podían pagar) y los había ayudado como coach a realizar sus proyectos, sin costo.

Mi esposa colaboraba desde hacía 10 años con la Fundación Camino a Jericó, que asiste, acompaña y promueve a las personas en situación de calle, para lograr la recuperación de su dignidad. Siempre la había acompañado, pero hasta el año pasado no me había involucrado directamente.

En el año 2018 pensé que podía replicar mi experiencia como consultor integral dentro de las empresas con la gente en situación de calle. ¿Por qué no?

Si yo estoy convencido de que el método que desarrollé es una herramienta sólida, que puede ayudarte a enfocarte en un proyecto, si además creo profundamente que conectarte con vos, con tus sueños, ayuda a sacar tu mejor versión, ¿por qué sería restrictivo de gerentes, directores o líderes? ¿por qué no podía transformarse en una herramienta para los que más lo necesitan también?

Lo hablé con la comisión directiva de la fundación y les propuse un proceso de coacheo que ayudara a estas personas a terminar de recuperarse y reinsertarse en el mercado laboral.

En ese momento no sabía si iban a aceptar, porque yo venía de una carrera profesional con personas que ya tenían trabajo o que buscándolo poseían otras herramientas. Pero tuve la enorme suerte que me digan que sí.

Decidí realizar este proceso con tres personas.

Tres personas que situación de calle, que vivían en el hogar de la fundación por motivos muy diferentes. Tres hombres que atravesaron el proceso sorprendiéndose a sí mismos, y llenándome de felicidad.

Fue un proceso de cuatro meses y todos encontraron su proyecto.

Los tres consiguieron hacer lo que buscaban (dejar el hogar, conseguir un trabajo, volver a conectarse con gente que querían).

Hoy incluso nos seguimos comunicando para contarnos cómo nos va.

Fue un coaching por el que no cobré y sin embargo me enriquecí como nunca antes.

Cada día al levantarme pienso que todos nosotros tenemos mucho para dar y cuando lo hacemos, nos devuelven el doble, aprendemos y somos más felices. Es algo tan simple. Una fuente de motivación que está tan cerca.

Los invito a pensar cómo puedo ayudar a otros con las herramientas que cada uno tiene.

¿Sos abogado? Seguramente hay una ONG a la que podría servirle un consejo tuyo. ¿Sos vendedor? Seguro podrías dar una idea a los que están tratando de juntar fondos para sponsorear un hogar. ¿Sos arquitecto?…(y la lista puede seguir infinito). Estoy seguro que hay oportunidades de ayudar para todos.

Les prometo que no se van a arrepentir 😉

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